Haere

Haeré Lintesereg nació en la ciudad de Minas Tirith, aunque se crió entre la hermosa ciudad de Gondor y Esgaroth, en el Lago Largo. Su padre, Barand, era un importante comerciante que vivía allí, y en un viaje conoció a su madre, que vivía en Minas Tirith. Haeré tenía un hermano pequeño llamado Ecthelion, al que habían llamado así por el Capitán Elfo que cayó en Gondolin. Cuando tenía 15 años, fue con sus padres en Esgaroth a pasar una temporada, como solían hacer cada año; su hermano acababa de pasar unas fuertes fiebres, y se quedó en las Casas de Curación de Minas Tirith, a cuidado de su tía. Un día, a la caída de la noche, el ruido inundó la pequeña ciudad, como si fuera una gran multitud que celebrara algo importante. Haeré y su tío se asomaron por una de las ventanas, y allío vieron algo que los dejó atónitos: un grupo de Enanos había llegado, y se paseaba por la ciudad. Y con ellos iba una extraña criatura, un Mediano. El grupo permaneció varios días en Esgaroth y prometieron acabar con el dragón Smaug, que aterrorizaba la ciudad desde su oscura morada en la Montaña Solitaria. Cuando los Enanos se fueron, y aunque todo el pueblo estaba alegre creyendo que el fin de Smaug estaba cercano, su tío, un hombre con gran capacidad intuitiva, se quedó pensativo, y habló así a Haeré:
-Sobrino, toda esta aventura no presagia nada bueno. Muchas desgracias caerán sobre nosotros por esto- Y aunque Haeré no lo dijo, tomó a su tío por un loco. Sin embargo, pocos días después, Haeré se arrepintió de no haber escuchado a su tío, pues sus oscuros presentimientos se cumplieron. Él y unos amigos habían salido a jugar a los lindes orientales del Bosque Negro, cuando el dragón Smaug atacó la ciudad. Los soldados huyeron ante el ataque de Smaug, y la ciudad estaba prácticamente indefensa, pues pocos hombres se atrevían a luchar contra el poderoso dragón. Sin embargo, Bard, Hombre valiente, lo mató, hundiéndole una flecha en el único lugar desprotegido que tenía la bestia. Pero antes de que el dragón cayera, en la confusión y en los ataques de Smaug, los padres de Haeré murieron, dejándolo huérfano. Cuando él regresó a casa, se encontró con su tío, que estaba llorando amargamente. A la luz de la luna, le contó todo lo sucedido, y Haeré sollozó profundamente largo rato. Cuando se calmó, Haeré estaba encolerizado, y clamaba venganza. Toda la ciudad se volvió en contra de los Enanos, acusándolos de provocar la cólera de Smaug contra ellos, para que pudieran apoderarse de su antiguo hogar en la Montaña Solitaria.
Días después, los Hombres organizaron una expedición a la Montaña Solitaria, a reclamar deudas a los Enanos, y si fuera necesario, a presentarles batalla; Haeré se apuntó, pues la rabia y la cólera aún lo dominaban, y aunque intentó que su tío no se enterara, era un Hombre demasiado inteligente como para no adivinar sus intenciones.
Haeré estaba listo para partir, había cogido algo de comida, e iba a salir a la calle, cuando encontró a su tío, de pie, al final de la escalera. El joven bajó, y su tío le agarró por el brazo, para que le escuchara un momento:

Haeré, aún eres muy joven como para partir a lo desconocido, y quizás a una batalla-
-No me detengas tío, iré, aunque tenga que dejarte inconsciente o atado en casa- respondió Haeré, que había conseguido una ligera cota de malla y una pequeña espada. Su tío comprendió que no podía detenerlo, y le dijo:
-Muy bien, sé que no puedo detenerte, pero por favor, ven conmigo, hay algo que quiero enseñarte- Subieron al segundo piso, y fueron al desván. Su tío abrió cautelosamente un viejo baúl, y cuando lo abrió, Haeré se quedó asombrado. Allí había una gran espada, como la de los grandes Reyes de Númenor, una gruesa cota de malla, dos dagas que parecían élficas y un escudo con el símbolo del Árbol Blanco.
-Haeré, nunca te lo dijimos, porque en estos días tener la sangre que corre por nuestras venas es muy peligroso. ¿Conoces la historia de los grandes Reyes de Númenor, de Elendil y sus hijos Isildur y Anárion, y de cómo se establecieron en la Tierra Media?- preguntó su tío.
-Por supuesto que sí, ¿a qué viene eso?-

-Porque eres, porque somos, descendientes de la estirpe Real de Númenor, y aún del propio Eärendil, y de Beren y Luthien la Bella. Sucedió que Erenwyn y Tar-Atanamir, decimotercer Rey de Númenor, tuvieron un hijo llamado Tar-Ancalimon. A medida que pasaban los años, Tar-Atanamir se volvió más y más hosco, y sólo pensaba en aferrarse a la vida el máximo posible. Fue entonces cuando Erenwyn empezó a temer por ella y por su segundo vástago, al que aún llevaba en el vientre. Dió a luz a un hermoso niño con la ayuda de la más leal de sus doncellas, y le llamó Erendil. Temiendo que Tar-Ancalimon pudiera sentir celos de él, o aún incluso el propio Tar-Atanamir, confío al recién nacido a Lailonniel, su fiel doncella. Erenwyn rogó a Lailonniel que ocultara al pequeño lejos de Armenelos, la capital de Númenor, que fuera hasta la ciudad de Nísimaldar y que viviera allí con Erendil, pues sospechaba que la ruina de Númenor no estaba muy lejana. Cuando Erenwyn regresó junto a Tar-Atanamir, éste le preguntó por el niño; Erenwyn, en un mar de lágrimas, dijo que el niño había nacido muerto, y que había encargado a una de sus doncellas que lo enterrara. El Rey creyó la historia de su esposa, y nunca sospechó nada, pues en su corazón sólo pensaba nuevas frmas de alargar su propia vida. Lailonniel hizo caso a su señora, pero antes de partir, recibió una visita inesperada: era la Reina, que venía a despedirse de ella y del niño, y para entregar a Lailonniel la espada que Elros había recibido de su padre, Eärendil el Marinero, Azgârâ, “La que Hace la Guerra”, una hoja hecha por un gran herrero Elfo, Telchar, que se había conservado en Gondolin primero, y que después guardó Tuor, y luego su hijo Eärendil… Después de la amarga despedida, Lailonniel partió con el niño y con la espada al puerto de Nísimaldar. Allí crió a Silmaren como a su propio hijo, al que nunca reveló su verdadero origen. Silmaren era un joven muchacho, según las cuentas de Númenor, cuando Tar-Atanamir murió, y el cetro pasó a manos de su hijo, Tar-Ancalimon. y en los días de su reinado, se produjo la división de Númenor. La mayor de las dos partes fue llamada los Hombres del Rey, y se apartaron de los Eldar y los Valar. Lailonniel y Erendil, en cambio, permanecieron con la otra parte del pueblo, que se llamó los Elendili, los Amigos de los Elfos, porque querían mantener la amistad de los Eldar; también fueron llamados los Fieles. Erendil siempre había sentido un gran amor por el Mar y por los Eldar, a los que visitó a menudo en embarcaciones de los Fieles. También visitó la Tierra Media, en especial las costas en las que viví Círdan, el Carpintero de Barcos. Pero Erendil también se deleitaba paseando por la hermosa ciudad de Nísimaldar, entre los fragantes árboles traídos del Oeste, de los que su favorito era el malinorë. No sólo cruzó las aguas Erendil, también recorrió a caballa casi toda la isla de Númenor, desde la Bahía de Eldanna hasta el puerto de Rómenna, desde Nindamas hasta Andúnië. Cuando Silmaren contaba ya 50 años, y al creerlo Lailonniel hombre prudente y sabio, su madre adoptiva le reveló su verdadero origen, y le advirtió de que si su hermano se enteraba de que seguía vivo, correría un gran peligro. Por ello, Silmaren decidió partir a la Tierra Media, y vivir en el puerto principal de los Fieles, la ciudad de Pelargir, recién construida. Al despedirse de Lailonniel, Silmaren lloró mucho, pero su corazón y su espíritu eran fuertes, y se hizo a la mar en un hermoso barco. Con él llevaba a Azgârâ, que Lailonniel le entregó el día antes de partir. Al llegar a Pelargir, Silmaren se quedó a vivir tranquilamente en la ciudad, y se casó, y tuvo un hijo, al que llamó Beren, por su antepasado.

En tiempos de la fundación de los Reinos en el Exilio de Arnor y Gondor, un descendiente de Silmaren llamado Haeré (de ahí viene tu nombre), que apenas contaba 40 años, sirvió a las órdenes de Elendil, y luchó en la Guerra de la Última Alianza, y fue testigo de la caída de Sauron. Sin ambargo, antes de que partiera, la madre de Haeré le entregó a Azgârâ, y le contó la historia de sus antepasados, como yo te estoy contando a ti. Haeré partió a la guerra con la espada, y los Enemigos le temían, tomándolo por un Rey Numenóreano rescatado de las aguas. Sin embargo, Haeré también conoció la ruina y el dolor en aquella guerra, ya que presenció las muertes de Gil Galad, Rey Supremo de los Noldor, Elendil y su hijo Anárion. Haeré ganó gran reputación por su valor y coraje en batalla, y a su regreso a Pelargir, Haeré, aconsejado por su madre, abandonó su hogar, y fue a vivir a Minas Anor, y quedó al servicio del hijo de Anárion, Meneldil, y se convirtió en un gran Capitán de los Hombres. Uno de sus descendientes vino a vivir aquí, a Esgaroth, para empezar una vida tranquila como un simple comerciante, pero trajo consigo a Azgârâ. Y así la familia continuó existiendo, hasta llegar a ti. Por eso, ahora que la Sombra ha vuelto a aparecer, creo que es el momento de que tomes otra vida, la que realmente te corresponde. El Enemigo está buscando a todos los posibles descendientes de Númenor, en especial a lo de sangre Real, y si te encuentra en Esgaroth, la ciudad será arrasada. En tu corazón ahora sabes que sólo tienes una elección: marchar al Norte, y vivir como un nómada, como un Montaraz- Haeré estaba realmente asombrado, aún le costaba digerir todo lo que su tío le acababa de revelar.
-Sí… creo que tienes razón- balbuceó Haeré- Pero antes quiero marchar a la Montaña Solitaria, y desde allí, cruzaré el Bosque Negro hasta el Paso Alto-
-Sí, ve a Rivendel, alí sabrán cómo orientarte. Siempre son bien recibidos los Montaraces. Pero antes debes llevar estas armas. Te ayudarán en la batalla, pues éstas son dos dagas de los Noldor, y la espada, Azgârâ, fue forjada por Maestros Elfos hace mucho tiempo- su tío le entregó la cota de malla, y le ayudó a ponérsela. Después le entregó los cinturones de las dagas y la espada, y por último le dio el escudo. Vestido de esa manera, y a pesar de su corta edad, Haeré daba la impresión de ser un Rey de Númenor, una imagen que recordaba al propio Elros, hijo de Eärendil el Marinero.

Se despidió de su tío, y fue hasta la Montaña Solitaria. Allí se encontraron con la tropa de Thranduil, Rey del Bosque Negro, y creyó que se produciría una batalla entre Elfos, Hombres y Enanos. Todo cambió cuando llegaron las nuevas de una gran hueste de orcos que se aproximaba, y Haeré desenvainó rápidamente a Azgârâ, que centelleó a la luz del sol. Los Hombres que estaban a su alrededor se asombraron del porte que tenía, parecía haber crecido en estatura. Aún hasta los Elfos se maravillaron al ver tal espada, y se alegraron de combatir a su lado. La Batalla de los Cinco Ejércitos fue llamada, en la que la mayoría de orcos y trasgos de las Montañas Nubladas murieron; pero también Thorin, Escudo de Roble, cayó en ella, al igual que varios de sus compañeros, como Fíli y Kili. En ella Haeré mató a muchos orcos, a los que la visión de Azgârâ les aterrorizaba, más que la propia Glamdring, que empuñaba Gandal el Gris. Haeré acabó luchando espalda contra espalda junto al mismo Rey Thranduil, que quedó muy impresionado por su coraje y bravura. Cuando acabó la batalla, Thranduil se lo llevó a un rincón apartado, y lo interrogó; Haeré le confesó todo lo que sabía acerca de su origen, y sobre su intención de ir a Rivendel.

-Sí, estoy de acuerdo en que en tu situación, lo más adecuado sería marchar a Imladris, pues allí conocen a todos los Montaraces del Norte, descendientes de Númenor como tú, y te podrán guiar, dar consejo e instruir-
-¿Y cuál creéis que es la mejor ruta para ir hasta allí, mi señor? Yo nunca había viajado tan al Oeste, y no conozco las tierras más al Oeste del lindera oriental del Bosque Negro- repuso Haeré, que estaba cubierto de sudor y de la sangre negra de los orcos.
-La ruta más rápida es atravesar el Bosque Negro por el Camino del propio Bosque, y llegar hasta el Viejo Vado. Luego cruzar las Montañas Nubladas por el Paso Alto, y buscar el valle oculto de Imladris. Aunque en estos tiempos el Bosque Negro es muy peligroso. El Nigromante habita en las profundidades de Dol Guldur, y el propio Bosque no es nada seguro. Y encontrar el camino a Rivendel es casi imposible para alguien que no conozca esas tierras, asi que te asignaré una pequeña escolta que te acompañará hasta Imladris, hasta la Casa de Elrond. En su compañía no deberás temer por nada-
-Muchas gracias mi señor Thranduil, le estaré eternamente agradecido- Así, Haeré y el poderoso Rey Elfo se despidieron, y Haeré siguió a la pequeña compañía de Elfos, que Thranduil había designado. Se fueron alejando del lugar de la batalla, y no tardaron en adentrarse en el Bosque Negro. En esa escolta iba el propio hijo del Rey, Legolas, con el que Haeré habló a menudo durante el viaje. Cruzaron el Bosque Negro, y a través del paso Alto, llegaron a Rivendel. Allí, Haeré y los Elfos, entre los que había surgido una gran amistad y camaradería, se despidieron. El dolor de la separación fue grande, pero la alegría que poco después le llenó el corazón fue inconmensurable. La belleza de Rivendel lo hechizó, y allí moró varios años, aprendiendo de los Señores de los Elfos que allí vivían, como Elrond o Glorfindel, con el que pasaba mucho tiempo. De hecho, fue el propio Glorfindel el que le enseñó su lengua, que en poco tiempo Haeré hablaba con fluidez. También fue el que le llevó por primera vez de cacería por las tierras del Norte, y le enseñó a disparar con el arco.

Diez años después de la Batalla de los Cinco Ejércitos, Haeré abandonó Imladris, y vivió como otro Montaraz del Norte, vagando de aquí para allá. A la mayoría de éstos los había conocido en Imladris, y ellos lo ayudaron mucho, en especial Aragorn, hijo de Arathorn, con el que combatió a menudo. También se encontró de nuevo con Gandalf el Gris, aunque el Istari le infundía tal respeto, que casi nunca habló con el mago.
En el año 3014 de la Tercera Edad, Haeré había bajado muy al Sur, pues hacía largos años que no veía ni siquiera de lejos su ciudad natal, Minas Tirith. Aún recordaba su hermosura, la belleza de la Torre de Ecthelion brillando con la luz del mediodía.
Haeré se encontraba cerca de la desembocadura del Entaguas, donde había parado para comer algo, cuando vio en la lejanía a un Hombre que huía rápidamente a caballo. Fue hasta él, y como llevaba el escudo en la mano izquierda, el desconocido lo tomó en seguida como un amigo.
-Salve Caballero de Gondor, ¿por qué huís?- preguntó Haeré, observando detenidamente al extraño.
-Me llamo Boromir, hijo de Denethor, Senescal de Gondor. Me persigue una compañía de orcos, que intenta matarme. Se me echaron encima cuando volvía de Esgaroth, salieron de la nada. Mataron a mis dos compañeros, y yo logré escapar a duras penas-
-Muy bien Boromir, yo soy Haeré, hijo de Barand de Esgaroth; busquemos un buen lugar para tenderles una emboscada, y acabaremos con esas viles criaturas-

Así hicieron, y ambos subieron a una pequeña colina situada al norte del Entaguas, y se refugiaron detrás de unas rocas. La compañía de orcos no tardó en aparecer, eran once orcos, y se detuvieron cerca de la colina. Haeré había tensado el arco que Glorfindel le regaló, y Boromir se asombró de que un Hombre llevara un arco élfico. En ese momento, Haeré disparó una flecha, que atravesó la garganta del líder de los orcos. Aún sin tiempo para que reaccionaran, Haeré ya había abatido a otro de los orcos, que se dispersaron como pudieron. Boromir no llevaba arco, pero lanzó unas pesadas piedras, que aplastaron a otros dos orcos. Mientras, un tercer orco había sido muerto por Haeré, que después dejó el arco, y desenvainó la espada, igual que Boromir. Boromir quedó maravillado al ver a Azgârâ, aunque reaccionó pronto, y se lanzó contra los orcos. Los dos Hombres bajaron colina abajo, y lucharon ferozmente contra los orcos. No tardaron en matarlos a todos, y ninguno de los dos sufrió herida alguna. Fueron hasta donde habían dejado el caballo de Boromir, y éste insistió en llevarlo a Minas Tirith, por haber salvado su vida.
-Por favor Haeré, has salvado mi vida, permíteme que te lleve a mi ciudad. Además, tu rostro me es algo familiar, como si te conociera de hace mucho tiempo- Haeré al final aceptó, su corazón se alegró al ver de nuevo Minas Tirith. Los años no habían pasado en balde, y la Guerra había provocado que la ciudad ya no estuviera en su máximo esplendor. Fueron recibidos por todo el pueblo, alegres al ver que Boromir regresaba sano y salvo. Boromir llevó a Haeré a la presencia de su padre, que después de oir el relato de la emboscada, le quedó eternamente agradecido.

-Pero hay una cosa que me resulta extrañamente familiar en ti…- dijo Denethor, que se quedó pensativo un rato- ¡Ah ya sé! Es tu espada la que me resulta tan familiar, pero no puede ser a menos que tú seas…-
-… descendiente de Númenor, mi señor? Pues sí, lo soy, aunque ahora vivo como un simple Montaraz del Norte, y me gusta mi vida- Haeré explicó una vez más toda la historia de su familia, una historia que conoció a fondo cuando estuvo en Imladris. Aunque al principio Denethor dudaba, la palabra de Boromir bastó para que sus temores se disiparan, y aceptó el servicio que ofrecía, de luchar por Gondor contra el Enemigo. En el tiempo que Haeré permaneció en Gondor, Haeré se hizo gran amigo de Boromir y de su hermano pequeño, Faramir, con los que combatió muchas veces contra las huestes del Enemigo. Y los orcos temblaban cuando veían a las dos hermanos y a Haeré acercarse, con las espadas desenvainadas. Y la espada Numenoreana de Haeré era imparable, no había metal en la Tierra Media que resistiera a sus estocadas, ni áun el mithril más resistente de los Enanos. Y en todas las batallas y refriegas en las que participaba Haeré, se podía oir siempre un mismo grito de guerra, ante el que los Enemigos temblaban: “Azagârâ, por Númenor”.

Pero todo cambio cuando llegó un extraño Medio Elfo, que se hacía llamar Vilendil, en el mes de Octubre del año 3017 de la Tercera Edad. Éste habló a Denethor de un Reino enemigo de Mordor, que luchaba contra el Mal en la lejana Tierra Olvidada, al Este de la Tierra Media. Pidió ayuda a Gondor, y prometió que cuando la guerra acabase allí, sus tropas apoyarían eternamente a Gondor y a los Hombres de buen corazón. Denethor le pidió a Haeré que partiera al Reino Unificado con 500 soldados, y que permaneciera allí el tiempo que fuera necesario. Se le entristeció el corazón de tener que abandonar de nuevo Minas Tirith, y a los amigos que había hecho allí, como Faramir y Boromir. Aunque el Medio Elfo Vilendil pronto se ganó su amistad, y la belleza de Meluvenorë, capital del Reino Unificado, no era menor a la de Minas Tirith. Descubrió un nuevo hogar, la Ciudadela de Sein Cair Andros, donde vivió desde que llegó al Reino. Fue nombrado por el Duque Arioch Capitán de la Caballería de Sein Cair Andros, cargo que desempeñó con valentía. Cuando el Duque Arioch cayó, el corazón se le encogió a Haeré, pues aunque el Maia era algo brusco y arisco, y muy aficionado a las tabernas (en especial la del Poney Pisador), era muy querido y respetado por sus hombres. Había convertido a la Ciudadela de Sein Cair Andros en el baluarte más importante del Reino, y había logrado numerosas e importantísimas victorias contra los corsarios del Norte, o contra otros Clanes rivales. Lo sucedió Arándil, Capitán de Sein Cair Andros, un Hombre muy respetado entre la tropa y gran amigo de Haeré, con el que había combatido numerosas veces. El nuevo Duque nombró a Haeré Capitán de la Flota Blanca, ya que ésta siempre había sido dirigida por el propio Arioch. Arándil fue el artífice de la heroica defensa de la Ciudadela frente a un nuevo ataque de los corsarios; en esa batalla, Haeré mandó la Flota Blanca a bordo de la Estrella del Norte, la más poderosa galera de la flota y buque insignia. Hundieron muchos navíos negros, reduciendo el número de corsarios que asediaban la ciudad. Sin embargo, en aquélla batalla, Haeré fue herido en el hombro por una flecha, aunque combatió en la Ciudadela cuando el dolor y la infección hubieron bajado. Pasó el tiempo, y Arándil fue una víctima más del terrible huracán que azotó a toda la Tierra Olvidada, y que causó mucos daños en todos los territorios del Reino al Sur de las Ered Meneltobas. El Duque Arándil se perdió cuando intentaba encontrar un paso hacia el Norte, pues la ciudad de Enyelost había sido muy dañada, y debía ser evacuada. Haeré asumió esta tarea, y llevó a sus habitantes a un refugio seguro. Al volver a Sein Cair Andros, recibió la Corona Ducal y el mando de la quinta Compañía del Reino Unificado, la Guardia Blanca. Pero su primer trabajo era la reconstrucción de toda la provincia, en especial de la zona de más meridional. El propio Haeré fue hecho prisionero por la espectra Mwálimë, que le hirió en el mismo lugar que la flecha corsaria con un acero de Udûn; no tardó mucho en ser rescatado, pero aquélla herida le dejó secuelas permanentes, pues desde entonces era capaz de intuir, al menos, la presencia de un espectro si éste se encontraba cerca. Pasaron los meses, y Haeré hubo de hacer frente a las huetes del Rey Eärgûl, combatiendo en los Mares del Norte a su flota, desde la menguada Flota Blanca, que amenazaban con invadir la provincia de Cilya Nasaldarion. Participó en el Concilio que se celebró en los Valles del Sirinieldon, donde luchó contra las hordas de la Oscuridad, y más tarde tuvo que luchar en una horrible batalla contra centenares de Olog-Hai surgidos de las entrañas de la Tierra Olvidada, antes de que abandonara definitivamente el Reino.

La paz reinaba ahora en la Tierra Olvidada, por lo que Haeré reunió a todos los Hombres que lo habían acompañado de Gondor. Aunque ellos habían llegado a amar Sein Cair Andros casi tanto como Haeré, la mayoría tenían familia en Gondor, y deseaban volver a verlas, pero no antes de terminar con el trabajo encomendado. Haeré dejó la Corona Ducal en manos del Elfo Aduelen, guerrero de noble corazón y gran amigo de Haeré. Partió de la Tierra Olvidada con unos 200 soldados, ya que muchos de aquéllos valientes habían muerto, y algunos desearon quedarse. Cuando olvió a Gondor, se quedó maravillado; Osgiliath estaba siendo reconstruida, y Minas Tirith volvía a verse en todo su esplendor, como Haeré no la veía desde hacía largos años. No había rastros de guerra, y pronto una patrulla de soldados del Ithilien los encontró, y éstos les dieron las nuevas de la destrucción del Anillo, la caída de Barad-Dûr y el Retorno del Rey.
-Son grandes noticias, el corazón se me regocija. Pero decidme, ¿dónde puedo encontrar a Denethor y a sus hijos?- dijo Haeré, con una gran alegría.
-Mi señor, sin duda ha estado fuera mucho tiempo. Denethor enloqueció y murió, y su hijo Boromir cayó en Amon Hen. Su hermano Faramir vive ahora en las colinas de Emyn Arnen, como Príncipe del Ithilien, y está casado con la dama Eówyn, hermana del Rey Eómer de Rohan- dijo uno de los soldados. Haeré fue a ver a Faramir, y ambos estuvieron mucho tiempo hablando, de lo sucedido durante la Guerra del Anillo y la Restauración. Haeré le habló de la Tierra Olvidada y de lo que allí había visto, y Faramir se quedó maravillado. Finalmente se despidieron, y Haeré y su tropa partieron hacia Minas Tirith. Subieron hasta la Torre de Ecthelion, donde estaba el Rey Elessar y la Dama Arwen, Estrella de la Tarde. Haeré se inclinó ante el Rey, y éste rio al verlo.
-¡Haeré! Has vuelto, gracias sean dadas a Ilúvatar- dijo Aragorn al verlo.
-Mi señor, cuando partí recibí órdenes de llevar 500 soldados a la batalla, y ahora, cuando la batalla ha terminado por fin, regreso a Gondor con los supervivientes de aquella tropa- Haeré se levantó, y Aragorn lo abrazó como hicieran tiempo atrás. La tropa de Haeré se dispersó, y cada uno fue a buscar su hogar, mientras que Haeré se quedó con el Rey y la Reina, y les habló de la Tierra Olvidada, del Reino Unificado y de las gentes que allí moraban. Y también habló de lo hermosa que se veía de nuevo Minas Tirith, y de lo alegre que se sentía por la caída de Sauron y porque Aragorn hubiera sido coronado Rey de Gondor y de Arnor.
Estuvo un tiempo en Minas Tirith, y luego fue a recorrer de nuevo el resto de Gondor, que veía bello como nunca. Y regresó a Esgaroth, y a Rohan después. Pero no pasó mucho tiempo cuando apareció de nuevo el Duque Arioch, reclamándole una vez más sus servicios.

se basa en la Tierra
media creada por JRR Tolkien

mas rato leo esto ahora tengo paja .