Un viaje al infierno con los de abajo a buenos aires!

KAMARADAS BUSCANDO POR EL CIBER ESPACIO ME ENCONTRE CON ESTO, ES UN RELATO DEL VIAJE DE LOS DE ABAJO A BUENOS AIRES, ESA SEMIFINAL DE COPA LIBERTADORES LA CUAL NOS ROBARON AÑO 1996!!

AQUI LES DEJO EL TEXTO (ES BASTANTE EMOTIVO).

Buenos Aires con Los de Abajo

VIAJE AL FINAL DE LA NOCHE

   Mientras la mayoría de los chilenos seguía el antes, durante y después del partido Universidad de Chile - River Plate por la televisión, dos tipos de la Zona pasaron casi sesenta horas en Argentina con Los de Abajo, arriba del bus y en el estadio Monumental. Era cierto: el partido se veía mejor en la tele. 

Donde las gallinas nos morimos. Hay que puro aperrar allá no más. Acá todos saben a lo que van.

Santiago. Es la mañana del martes 11 de junio. Frente a la sede de la U, en calle Campo de Deportes, hace calor. Sobre la carrocería de algunos de los once buses que llevarán a Los de Abajo a Buenos Aires está escrita en una tipografía gigantesca la palabra Chilebus , y yo pienso que si en Argentina alguien quiere saber dónde están los chilenos de la U, no va a ser difícil ubicarnos.

Un equipo de canal once llega a grabar el acontecimiento. En la calle, un grupo de hinchas celebra el cumpleaños de uno de ellos. La melodía del cumpleaños feliz se esparce y los seiscientos bullas que acompañarán a la U a Argentina la entonan. Los de la televisión reciben un piedrazo en el auto y se van. El tipo del cumpleaños recibe un tortazo en la cara y se sube al bus.

Estamos con Los de Abajo.

NO VOY EN AVION, VOY EN BUS

Pero no estamos solamente con Los de Abajo. Hay de todo en el bus. Gente que pertenece oficialmente a la barra azul y gente que viaja acá porque era la forma más barata de ir a ver el partido ($30.000). Gente que trabaja en una oficina o que estudia en la universidad y gente que domina el coa. 38 hombres y dos mujeres.

Los diarios proclaman que nos espera el infierno en Buenos Aires. Algunos en el bus se jactan de que le harán frente a ese infierno, que aperrarán, que prestarán ropa, que demostrarán lo bravos que son. Otros -la mayoría- sólo desea que el infierno esté lo más lejos posible.

Antes de salir de Chile, las gargantas ya se han aclarado con cánticos, botellas y cigarros naturales . Poco más de media hora antes de llegar a Los Libertadores, el auxiliar del bus, para todos el tío, comienza a repartir los formularios de la Inmigración Argentina. Hay que llenar las cuarenta papeletas con los únicos dos lápices que van dentro del bus y, entre bromas y consultas, el auxiliar ya está molesto. Llevamos tres horas de viaje.

El trámite en lado chileno es rápido, y salvo un par de hinchas que no puede seguir su viaje -carnéts vencidos y papeles sucios (antecedentes judiciales)- el resto celebra la salida del país con gritos a favor de la U y en contra de River Plate.

Al otro lado del túnel el ambiente es radicalmente distinto. Durante más de cinco horas, Gendarmería argentina practica un trámite aduanero que generalmente dura pocos minutos. Dicen que es porque los perros anti-narcóticos han detectado marihuana en uno de los buses. En el medio de la espera, algunos hinchas comienzan a cantar la Canción Nacional. Un gendarme sale de su oficina con la metralleta bajo el brazo.

  • Acá nadie grita! -grita.

BIENVENIDOS A MENDOZA

Hay una breve parada en el terminal de buses de Mendoza. Sirve para limpiar los baños, pero nadie baja. La policía local se hace presente rápidamente en el terminal y nos impide salir del vehículo. Nos escoltan hasta unos peladeros en las afueras de la ciudad donde bajamos a estirar las piernas.

Durante la detención el tipo que va a cargo del bus, que es un miembro oficial de la barra y al que todos le dan el cargo de líder, se encarga de hacer unas monedas. Luego de caminar más de veinte cuadras acompañado de algunos hinchas, regresa con un cargamento de cajas de vino y cervezas.

Pasada la medianoche -llevamos 14 horas de viaje- la caravana retoma la ruta a Buenos Aires. La policía nos despide en las afueras de la ciudad.

La noche trae la calma. Dentro de los buses se sobrelleva el frío con chaquetas, aguado vino mendocino y cervezas. En el televisor pasan Jovenes pistoleros 1 y 2, y las protestas contra la calidad de la película se acallan en los momentos en que aparecen las escenas de peleas a cuchillazos. Ya nos han dicho que dentro del bus van armas. El tío, mientras tanto, hecho un ovillo y con algodón en los oídos, duerme dentro de una caja al lado del baño, que los hinchas visitan durante toda la noche.

A las seis de la mañana, comienza a amanecer. A pedido general, hay una breve parada en una YPF (estación de servicio) de la carretera. Algunos aprovechan de pasar al baño, pero la mayoría, por no decir todos, invade un pequeño minimarket. Apenas el bus retoma la ruta, comienzan a salir de las chaquetas botellas de whisky, cervezas, cigarros y chocolates. La mayoría se ha olvidado de pagar.

La siguiente parada es Luján, a 66 kilómetros de la Capital Federal, ciudad famosa por la imagen de la virgen y su catedral. Hoy día es el partido , recuerdo. Son las once de la mañana, hace calor y la policía -que nuevamente aparece- nos deja bajar en unas canchas de fútbol. El objetivo de la parada es reunir a todos los buses para entrar todos juntos a Buenos Aires. Pienso en comprar una bebida, pero el negocio más cercano está como a un kilómetro.

NO BOMBARDEEN BUENOS AIRES

Pasadas las tres de la tarde, la columna de buses con banderas chilenas y azules entra en la capital trasandina. Los garabatos de corte nacionalista entran y salen del bus.

En la carretera, y al cruzar la avenida General Paz, la Policía Federal Argentina detiene la marcha. Una brigada anti-motines nos espera. Hay un par de tanquetas azules, un microbus y tres radiopatrullas. Un equipo de televisión con la insignia de la P.F.A. graba a casi todos los hinchas chilenos. Por más de una hora, y bajo un calor asfixiante, los buses -con orden de mantener las ventanas cerradas- esperan el permiso para continuar. El líder detiene dos veces a un hincha que pretende lanzar una botella a los policías-cineastas. El tío, en la cabina, mueve la cabeza maldiciendo el día que aceptó llevarnos a Argentina.

Vamos en un extraño city-tour. Los carros anti-motines escoltan la comitiva hasta La Boca. El objetivo de este destino, pedido expresamente por los dirigentes de Los de Abajo, es juntarse con los hinchas de La 12, la barra de Boca Juniors, que van a prestar ropa (ayudar a pelear contra la barra de River).

Unos hinchas azules salen a rayar murallas con graffitis de la U. Aparece gente de Boca. Las supuestas barras hermanas se trenzan una gresca que termina con barristas heridos. La policía sólo detiene a los de la U. Otra gente que sale sola a conocer los alrededores, regresa herida y asaltada.

-Los de Boca no tienen amigos -comenta, al pasar, un policía que vigila la comitiva chilena.

  • El bus es nuestra familia! -grita el líder una vez de vuelta al vehículo-.

Miren cómo quedamos con diez tipos de Boca. Ahora vamos a tener al frente a 70 mil gallinas (hinchas de River). Así que hay que aperrar, con lo que sea.

Pienso en las armas.

Para la mayoría del bus, el infierno que promete Buenos Aires se comienza a concretar. Es un infierno raro, inesperado, con cara de tipos que hablan de pelear, usar armas y golpear a los que no aperran. Todos están solos, y la familia que ofrece el bus es una familia violenta. Santiago está lejos.

AL ESTADIO, AL ESTADIO

A las ocho de la noche, luego de una parada de dos horas en la Avenida Figueroa Alcorta -frente a Aeroparque- llegamos a las afueras del Monumental de River. El nerviosismo dentro del bus es tremendo: asusta ver a Los de Abajo con las cabezas reventadas y tajos en los brazos -los más bravos ya no hablan de pelear contra River- y se teme que una horda de hinchas argentinos ataque los buses.

La caravana entra lentamente al estadio surcando un mar de camisetas de River, zigzagueando entre insultos anti-chilenos y gente que intenta volcar los buses. Las ventanas de los Chilebus comienzan a estallar, y desde abajo de los asientos, los gritos argentinos se escuchan como el cercano rugido de un león frente a su presa. Una ráfaga de botellas sale disparada de los buses hacia los hinchas de River.

El estadio está repleto cuando, empujados por lumazos de la policía, ingresamos todos juntos a las tribunas Centenario y Belgrano. El estadio parece no darnos mayor importancia y los policías, siempre rodeándonos, sonríen al descubrir que las canciones nuestras son… iguales a las argentinas.

Los del bus hacen por fin lo que vinieron a hacer: apoyar a la U.

Cuando han pasado cuatro minutos de terminado el partido, viene el enfrentamiento. Lo que se ha visto en las noticias es tal cual lo que pasó en ese momento: la policía empieza a pegar sin que medie provocación de los chilenos. Es una barrida de lumas que no se detiene ante nada ni nadie. Los palos van y vienen, mientras desde el suelo, los hinchas heridos ven como se llevan a un policía semi inconciente. El asunto recién empieza a calmarse cuando los uniformados advierten la presencia de la televisión. Resultado final: cuatro hinchas con la cabeza cortada, un policía con la nariz partida, dos detenidos

REGRESO A CASA

Escoltados por un fuerte contingente policial, la caravana abandona Buenos Aires sin problemas.

El tropel cruza la pampa de noche, claro que esta vez los buses llevan los vidrios rotos. El frío, inhumano, al menos se lleva el olor a encierro.

De vuelta a Los Libertadores, el cielo se ha escondido detrás de una espesa nube negra. Los gendarmes de la aduana argentina ni siquiera suben a pedirnos los papeles.

Al cruzar el túnel internacional estallan los aplausos. El tío toca la bocina. Estamos en Chile. En la aduana, algunos hinchas se peinan para salir en la tele. Aplausos. Héroes. Tres canales de televisión, varias radios y un fuerte aplauso por parte del personal de aduana, suben la autoestima de la hinchada y hacen olvidar los dos infiernos, el de Buenos Aires y el propio, el del bus.

-Oigan, cabros… me puedo tomar una foto con ustedes?

El tío, que ha reclamado durante todo el viaje, ahora espera con cámara en mano. Después, cuando ya ha sacado la foto, se despide de los hinchas diciendo que ha sido un viaje histórico. Hay aplausos. En realidad, en todo Chile hay aplausos.

no puede entender como weones chilenos que son de la U les pueda gustar river, y menos entiendo que admiren a los borrachos del tablon.

muy buena la historia

que wena…la cagó…ta terrible pulentita!